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Paper Details

Editorial 3(12). Subcontratación de Investigación y Desarrollo: una modalidad de las compañías farmacéuticas

Martín Pérez-Santos

Journal Title:Alianzas y Tendencias BUAP
Abstract


Producto de la competencia económica entre ellas, las compañías farmacéuticas han dejado atrás su larga tradición de generar sus propios fármacos, para ahora subcontratar actividades de investigación y desarrollo a organizaciones académicas. Algunas de estas actividades incluyen la validación de blancos farmacéuticos, pruebas de seguridad y eficacia en modelos animales, así como ensayos clínicos en humanos. Actualmente, esta subcontratación ronda en 20 mil millones de dólares y se estima un crecimiento de 45 mil millones de dólares para 2026. Particularmente, esta asociación se ha cristalizado en el área de biofarmacia; un ejemplo de ello es la asociación estratégica entre la farmacéutica AstraZeneca con el Consorcio Académico para el Descubrimiento de Fármacos, el Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica, y el Instituto Cambridge en Investigación de Cáncer del Reino Unido, todos ellos de la Universidad de Cambridge. Pfizer, un líder farmacéutico, no se ha quedado atrás en esta actividad de subcontratar este tipo de actividades, y el establecimiento de sus unidades de investigación y desarrollo en San Francisco y la Jolla California, así como en Cambridge, Massachusetts, son prueba de ello. Otro esquema diferente de asociación estratégica es la llevada a cabo por Bristol-Myers Squibb, quien a través de un intermediario en comercialización de investigación académica, Allied Minds, busca tener acceso a los descubrimientos de fármacos originados en las universidades. De igual manera, GlaxoSmithKline tiene un fuerte vinculo con la Universidad de Leicester, muy similar al llevado a cabo por Actelio y el Centro de Investigación Enamina. La pregunta obligada es ¿por qué las empresas farmacéuticas, en especial las biofarmacéuticas, han iniciado este tipo de colaboraciones con la academia universitaria y de centros de investigación públicos? La respuesta es simple: cuando se trata de crear fármacos tipo blockbuster, la competencia es brutal y la inversión es cuantiosa; si una farmacéutica queda rezagada en el desarrollo de fármacos, tarde o temprano desaparecerá o será absorbida por otra farmacéutica más poderosa. Ante esta situación, y con la riqueza en capital humano mexicano con experiencia en las áreas biofarmacéuticas y salud, cabría fomentar las actividades de subcontratación en investigación y desarrollo dentro de nuestras universidades. Ante el poco interés de las empresas mexicanas en invertir en I+D, ¿valdría la pena que la academia enfocará sus esfuerzos de investigación en subsanar las necesidades de las empresas allende frontera? La mesa esta puesta, tanto para la academia universitaria como para sus oficinas de transferencia de tecnología. Seguramente, esta subcontratación de actividades de I+D no es exclusivo de las farmacéuticas.

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